Francisco Sabatini

(Palermo, 1721 – Madrid, 1797)

Arquitecto e ingeniero militar al servicio de los monarcas Carlos III y Carlos IV, fue una figura capital en la segunda mitad del siglo XVIII español y particularmente en la ciudad de Madrid.

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Formado en la Academia de San Lucas de Roma, fue allí discípulo del gran arquitecto e ingeniero napolitano Luigi Vanvitelli, a cuyas órdenes trabajó más tarde en Nápoles y con cuya hija se casaría después, ya residente en Madrid.

En 1659 Carlos de Borbón hereda el trono de España bajo el nombre de Carlos III y entre su corte italiana escoge a Sabatini como ingeniero militar y arquitecto, dejando en Nápoles a las dos grandes figuras del momento, Vanvitelli y Ferdinando Fuga, cuya influencia sería también decisiva en la obra de Sabatini.

Sabatini y Madrid _ 

Sabatini y Madrid _ 

Sabatini y Madrid _ 

El primer arquitecto de Carlos III

En Madrid al nuevo monarca le decepcionó el Palacio Real, cuya obra estaba casi terminada; despidió a su arquitecto, Juan Bautista Sachetti, y le sustituyó por Sabatini al frente de la Oficina de Palacio con la misión de remodelar su aspecto exterior y acondicionar su interior.

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Sabatini reordenó la fachada, dirigió la instalación y decoración del interior del palacio (diseñando, entre otros elementos, una nueva escalera principal), amplió el edificio hacia el sur con dos nuevas alas (de las que solamente llegó a terminar una de ellas) que darían lugar al actual Patio de Armas; proyectó una ampliación hacia el norte (nunca realizada) y construyó las caballerizas reales en el extremo norte del recinto palacial, con capacidad para quinientos caballos.

Pero con Sabatini la Oficina de Palacio acumuló competencias mucho más allá de la obra del Palacio Nuevo para extenderse a la reordenación de sus alrededores (entre cuyas obras destaca el Palacio de los Secretarios de Estado, que hoy se conserva parcialmente y sirve de sede al Centro de Estudios Políticos y Constitucionales), a los diversos Reales Sitios, y a la misma ciudad de Madrid.

Los primeros encargos

Entre los primeros encargos de Carlos III se encuentran los sepulcros de Fernando VI y Bárbara de Braganza en la iglesia de las Salesas Reales. Casi inmediatamente diseñó y dirigió las obras de la Casa de la Aduana, monumental edificio en la Calle de Alcalá que hoy ocupa el Ministerio de Hacienda.

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Al mismo tiempo realizó uno de los proyectos fundamentales del reinado carolino: las Instrucciones de alcantarillado, empedrado y limpieza de la corte, consistente en la instalación de tuberías de desagüe de aguas mayores y menores en las casas, canalizaciones y pozos negros, así como de pavimentación de aceras y calles que dotasen a la ciudad de dignidad y sobre todo higiene pública.

La construcción de un hospital

Proyecto fundamental en la nueva mentalidad ilustrada que estaba invadiendo tanto a la corte como a los intelectuales del reino, fue la construcción de un gran Hospital General en las afueras de la ciudad, junto a la calle de Atocha, que reorganizase y renovase la estructura hospitalaria de la ciudad.

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Las obras, iniciadas por el ingeniero militar José de Hermosilla en 1758, fueron asumidas por Sabatini en 1769, que es el autor de los planos y dibujos que conocemos, sin que hoy sepamos con exactitud hasta qué punto la paternidad de las ideas pertenece a uno u otro ingeniero. Excesivamente ambiciosa para una época de creciente crisis económica, la obra se prolongó más allá de la muerte de Sabatini y apenas llegó a construirse en un tercio su proyecto original. Sin embargo, tras una larga vida de uso eficaz el edificio se conserva y hoy sirve de sede del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Precisamente aquella zona periférica de la ciudad, el Salón del Prado desde Atocha hasta Recoletos y el área cercana al palacio del Retiro, estaba concentrando los esfuerzos de los grandes arquitectos del momento en España: José de Hermosilla, Ventura Rodríguez, Sabatini y Juan de Villanueva.

Las puertas de Sabatini

Sabatini realiza las trazas del Real Jardín Botánico y diseña su Puerta Real y su verja, así como un edificio de laboratorio químico que no llegaría a realizarse. En la entrada de la ciudad por el camino de Alcalá, Sabatini realizaría la que a la postre se convertiría en una de las arquitecturas más icónicas de la ciudad: la Puerta de Alcalá.

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De forma y con intención semejantes, aunque de menores proporciones, “abrió” el otro extremo de ciudad con la Puerta de San Vicente como exponente más reconocible de todo un proyecto de ajardinamiento, paseo urbano y camino desde el Palacio Real hacia el Pardo.

Su labor para los reales Sitios fue incesante y variada. Además de trabajos menores pero abundantes de acondicionamiento, cercado, reparación de estanques y canalizaciones en la Casa de Campo, destacan especialmente la ampliación del palacio de El Pardo (al que dobló en su tamaño, y en que dirigió un extraordinario proyecto decorativo de sus interiores) y diseñó un proyecto urbanístico de su población; y la ampliación del palacio de Aranjuez, de cuya fachada principal extendió las dos grandes alas que dotan de monumentalidad al frente del palacio y dan lugar a la gran plaza de entrada.

Ingeniero y arquitecto

La inmensa obra desarrollada por Sabatini abarca, en fin, la arquitectura, el diseño de interiores y de piezas de mobiliario (bancos de piedra en los jardines de Aranjuez, decoración de tapices en las habitaciones de El Escorial, etc.), la rehabilitación y consolidación de edificios, y las abundantes obras de ingeniería civil y militar.

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Entre estas últimas destacan los trazados y adecuación de caminos, especialmente los que comunicaban a los Reales Sitios, la construcción de la Academia de Caballería de San Gil (o de Leganitos, demolido en 1906 – 1910, ubicado en lo que hoy es la Plaza de España) el cuartel de guardias Walonas de Leganés (actual Universidad Carlos III) e innumerables proyectos militares por todo el reino como el del puerto de Santander, la estructura defensiva de la ciudad de Manila, la fortificación de Cavite, la ciudad nueva de Guatemala, y un largo etcétera.

Desarrolló asimismo una abundantísima labor de rehabilitación y de construcción de arquitectura religiosa, especialmente de templos y comunidades religiosas acogidas al patronato real. Entre muchísimas otras obras, destacan el retablo mayor de la catedral de Segovia, el de la desaparecida iglesia madrileña de San Felipe Neri, su proyecto y dirección de obras para la capilla del Venerable Palafox en la catedral del Burgo de Osma, y su intervención en la iglesia y convento de San Francisco el Grande de Madrid, de la que, entre otros elementos, diseñó y construyó su monumental fachada y torres.

La confianza de un rey

Naturalmente, este inmenso despliegue de actividad no hubiese sido posible como trabajo individual, sino que Sabatini trabajó sobre todo como director de un equipo de arquitectos (entre los que se contaron sus dos cuñados, Pedro y Francisco Vanvitelli), aparejadores y otros técnicos, artesanos de los más variados gremios y personal de administración en un sistema de trabajo riguroso y eficaz.

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Fundamental fue también la confianza inquebrantable que disfrutó siempre por parte del rey Carlos III, lo que le otorgó, especialmente en sus primeros años, de un enorme poder e independencia decisoria. Cuando en 1766 estalló en Madrid el Motín de Esquilache, Sabatini fue uno de los objetos de la furia popular y su casa llegó a ser atacada. Sin embargo, el arquitecto continuó en sus cargos e incluso llegaría a alcanzar los más altos títulos y honores de la carrera militar. Académico de San Luca de Roma y de San Fernando de Madrid, director de Pintura la Real Fábrica de Tapices, Caballero de Santiago…, su biblioteca acredita que disfrutó de una vasta cultura mientras el inventario de su casa y la compleja documentación acerca de su herencia evidencian una potente economía personal.

Su arquitectura eficaz, de líneas severas, ha sido a menudo criticada por su excesiva frialdad. Sin embargo, responde a un espíritu ilustrado de renovación bajo criterios de razón, orden y buen gobierno que apuntan a un pensamiento más allá de la mera estética; hacia un ideal de gobierno que fue sobre todo el perseguido por Carlos III y su corte, y que genera también en un ideal de ciudad que, aunque muy incompletamente, quedó indeleblemente marcado en Madrid.

Construcciones emblemáticas en Madrid

1760

Sepulcro de Fernando VI y Bárbara de Braganza

1760

Fachada del Palacio Real

1760 y 1789

Escalera principal del Palacio Real

1761 – 1769

Real Casa de la Aduana

1769 – 1778

Puerta de Alcalá

1770 – 1775

Puerta de San Vicente

1761 – 1785

Basílica de San Francisco El Grande

1769 – 1797

Hospital General

1773

Palacio de los Secretarios de Estado

1776 – 1778

Real Jardín Botánico

1768 – 1779

Proyectos para la Casa de Campo